Mi historia, capítulo 2: El germen de un TCA

Después del primer capítulo que podéis leer aquí, empieza lo chungo (menos mal que a partir del tercero la cosa va a mejorar). Ya había pasado la adolescencia, se supone que lo peor. Fui a la universidad y el primer año engordé los diez kilos que dicta la tradición. No me preguntéis porqué, pero no conseguía adaptarme a mi nueva vida… Tenía amigos en la universidad, sacaba el curso bien, hasta mi novio se había venido a la ciudad a la que me había ido a estudiar para vivir conmigo. Lo achacaba a que echaba de menos a mis padres y a mi hermano, pero lo cierto es que había empezado una carrera que no quería estudiar. Admiro a la gente que a los dieciocho años sabe lo que quiere hacer en la vida, porque no fue mi caso. Me dejé llevar por lo que me decía mi familia y amigos, por lo que me recomendaron algunos profesores (lamentaré toda la vida no haber hecho caso al profesor de filosofía, que fue el único que me dio un buen consejo). Harta de escuchar las salidas que tenía una carrera o lo bien que se me daría otra, hice caso a la mayoría. Si la mayoría decía que estudiara Empresariales, no podían estar equivocados, ¿no? Craso error.

Después de un par de años de dar tumbos en la carrera y no saber que hacer, volví a Lanzarote y me puse a trabajar. Por aquella época me pasaba la vida engordando y adelgazando, para luego volver a engordar. Tenía una de esas dietas típicas hipocalóricas que están en todos los cajones de todos los médicos de España. Esas que son aburridas y jodidamente monótonas. Me pasaba unos meses a dieta, adelgazaba, me estancaba, me bajaban las calorías diarias, volvía a adelgazar otro poco, volvía a estancarme, me frustraba, comía como un lobo hambriento, engordaba, volvía a la dieta. Un ciclo insano que hacía que en seis meses pudiera cambiar varias veces de talla.

Mi familia se había ido a vivir de nuevo a Madrid y no tenía a nadie de familia cerca. Vivía con mi primer novio hasta que después de siete años se acabó un buen día. Estaba sola. Iba a trabajar, tenía amigos, iba a clases de baile y salía de fiesta, pero a las horas de las comidas estaba sola. Y adelgacé, vaya si adelgacé… Pero no usando ningún buen método. Me alimentaba de coca-cola ligth y cereales con leche todo el día. No llevaba ninguna rutina de comidas, no comía ni siquiera tres veces al día. Cuando me sentía sola de repente me agobiaba, y me zampaba lo que hubiera en la nevera. Me daba igual que fuera una barra de pan, que un kilo de macarrones sin nada, que cinco manzanas. Como después me sentía tan mal, no comía más durante el resto del día. A veces no podía dormir y acaba en la gasolinera más cercana a las tres de la mañana comprando una bolsa de patatas fritas y un par de tabletas de chocolate.

 

Cuando nunca nada es suficiente

 

Mi autoestima iba menguando. Yo cada vez me veía peor… Ya no sólo por mi cuerpo, porque aún estaba gorda (me faltaban ocho kilos para llegar a ese peso “ideal” que veía como meta en vez de ser feliz), tenía celulitis y estrías. También me veía fea, demacrada, no me arreglaba porque ponerme delante del espejo me suponía un suplicio. Me sentía débil, fatigada, tenía ganas de llorar. Un día me desmayé en el trabajo y me llevaron a urgencias, tenía anemia y me preguntaron por mis comidas… Mentí como pocas veces he mentido en mi vida y ni siquiera sabía porqué. Supongo que en el fondo sabía perfectamente que no estaba bien eso de no desayunar, comer una coca-cola ligth y cenar, sin embargo, medio paquete de cereales. Supongo que tampoco quería contar que algunos días acababa asaltando la nevera de madrugada cuando no podía dormir y comiéndome hasta el medio limón seco del fondo y los hielos del congelador. Que por comer, me comía hasta las uñas de los nervios, y que a la vez y aunque suene paradójico, por no comer nunca comía en público.

Mis desórdenes alimenticios se convirtieron ya en algo normal y mi falta de autoestima en la parte más grande de mí. Y así, en este estado de puta mierda tan malo, apareció un chico. Más joven, más guapo, más atlético, más inteligente, con más todo que yo. Y yo sentía que no me merecía aquello, y me hice la misma pregunta que tristemente más de una os habréis hecho alguna vez en vuestras vidas… ¿qué puede ver él en mí? Pues yo os cuento lo que vio en mí… alguien débil, que no se valoraba, que no se quería lo más mínimo. Alguien a quien podía manejar como quisiera. Porque como ya he dicho, él era más que yo, pero también más retorcido.

No me gusta dejar este post con este sabor tan amargo… Así que os dejo unicornios para que compense.

No más dramas, por favor

Autor entrada: Elsa Dilema

Vivo en las nubes porque el suelo está lleno de gilipollas. Acabo de descubrir que cuando te quieres, la vida es más fácil. El amor propio es el mejor amor de todos, si no incluímos el que siento hacia mis perras.

4 thoughts on “Mi historia, capítulo 2: El germen de un TCA

    DioneLer

    (julio 19, 2017 - 2:55 pm)

    Quite right! Idea good, I support.
    Her hairy pussy, up skirt, is voyeured

    Rodrigo Rodríguez Rodrigato

    (julio 19, 2017 - 8:28 pm)

    Me encanta como escribes !! Me siento super identificado contigo absolutamente en todo, es más parece que casi has descrito mi vida incluso hasta en encontrar alguien mejor que tu y sentirte que no te mereces eso, que ha visto en mi? Te mando un gran beso vales mucho me encantaría ayudarte en todo lo que pueda! No dejes de ser como eres que eres única y fantástica un beso desde Málaga 😘

    Noelia

    (julio 20, 2017 - 9:35 am)

    Ay Elsa!!! No te lo vas a creer pero…me siento identificada!!!! Y pensarás que flipo yo que estoy en un peso normal, verdad????? Pues yo me veía gorda, con estrías, defectos mil….he pasado por épocas de amor y odio con la comida. Pero creo que la culpa no es de la comida sino de un desastre emocional y mental que se hace autodestructivo. Yo hace un año he conseguido equilibrar mi vida. No supone que siempre esté bien, algún momento de debilidad sigue…peroe centro en todo lo que he aprendido este último año de mi. Tengo 38 años!!!! Y me he dedicado tiempo a conocerme en este último año…que desesperdicio de tiempo!!! Pero a la vez pienso que he tardado pero finalmente me he conocido! He hecho cosas que jamás pensé me vería consiguiendo: mi tattoo nuevo, mi piercing (tan lindo como el tuyo!!!), mi nueva forma de vida vegana/vegetariana, dejé mi trabajo!!!!!! Creo que cada uno lleva sus pautas de sufrimiento para conseguir llegar a ser quienes somos y tú eres una mujer maravillosa!!! Cabeza alta!!! Eres preciosa por fuera pero más por dentro y eso vale mucho!!! Un abrazo!!!

      Elsa Dilema

      (julio 26, 2017 - 8:32 pm)

      Hola preciosa!

      Tener complejos no tiene que ver con el tipo de cuerpo. Ni siquiera tener un TCA tiene que ver con el tipo de cuerpo… Una vez alguien dijo algo de otra persona que se me quedó grabada “pues no tiene cuerpo de bulímica precisamente”. En ese momento yo estaba recuperándome de una bulimia nerviosa (claro que esa persona no lo sabía) y no tenía “cuerpo de bulímica”.

      Hace justo un año también que yo he equilibrado la mía, tenemos tanto en común a veces! Me alegro mucho de que por fin, ahora, te hayas conocido y seas feliz. Aquí tienes una amiga.

      Un abrazo <3

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *