Tengo el cuerpo perfecto, pero en la época equivocada.

Todo en esta vida es cuestión de perspectiva. TODO. Y es que lo que para ti es de una forma, para mí será de otra. Lo que para ti es feo, a mí me parecerá lo más bonito de mundo. No somos iguales porque las vivencias que tenemos a lo largo de nuestra vida, lo que nos pasa, nuestro entorno, cultura, contexto, familia, y amigos… Nos condicionan. Y con todo esto también hablo, efectivamente, de estar o no gordas, de ser o no guapas, de ajustarnos o no a estúpidos cánones de belleza que son tan cambiantes que deberíamos de darle la misma importancia que al resto de cosas que nos oprimen y condicionan en esta vida de mentiras y postureo que tenemos.

 

Y es que los cánones de belleza han cambiado tanto a lo largo de la historia, que nos vendría bien hacer un repaso rápido, porque al igual que las modas y las costumbres, se han ido transformando y lo que hoy te parece un pibón, en unos años puede que no lo sea tanto.

 

En la prehistoria, los hombres preferían a las mujeres anchas, con caderas y senos grandes, porque se las veía como mejores opciones para criar hijos sanos y fuertes. En el renacimiento la cosa cambia, y se buscan mujeres con caderas un poco anchas, pechos pequeños pero firmes, mujeres algo más estilizadas y con manos finas, cabello largo y rubio, con la frente despejada.

 

En el barroco volvemos a formas redondas, caderas anchas pero con las cinturas marcadas, brazos gorditos, pechos grandes que además se resaltaban con corsés, empiezan a usarse lunares postizos, perfumes o polvos para aclarar la piel. Ahí tenemos a Rubens, que pintó a tres mujeres entraditas en carnes y las llamó “Las tres gracias”. Qué buena habría estado yo en la época barroca, oye…

 

En el siglo XIX, ya empezamos a joder a las mujeres con esto de las torturas para sentirse bellas y atractivas. En la época victoriana era imprescindible el uso de corsé, y cada vez se apretaban más llegando las mujeres a tener desmayos, deformidades en el tórax y costillas rotas, sólo por verse atractivas. Aquí, básicamente, se consideraba más atractiva a la mujer con el corsé más apretado y que siguiese respirando (o no).

 

Hasta ya entrado el siglo XX, se populariza un modelo atlético y delgado, en los años 20 el cuerpo de la mujer se aplana completamente y, gracias a la incorporación de la mujer en el deporte, se pone de moda un look más atlético, el corte bob y, por primera vez, el bronceado, ya que hasta ahora había sido siempre preferente una tez clara (signo de que la mujer no trabajaba en el campo). Pero en los años 40, con las chicas pin-up, vuelven a redondearse las formas y la sensualidad de cuerpos curvilineos, que se mantiene más o menos hasta la década de los 60 donde hay una completa revolución estética y el ideal vuelve, en cierto modo, a ser el de principios de siglo. Las mujeres buscan estar delgadas, cada vez más, hasta que en los años 90 aparece el “boom” de las supermodelos. Mujeres altas y delgadas, con pecho muchas veces operado y bien alto, de esto que casi no puedes respirar. Pero según pasa el tiempo, pasamos de mujeres delgadas como Cindy Crawford o Pamela Anderson, a mujeres cuyo IMC debe de estar muy por debajo del 18. Modelos en pasarela cada vez más delgadas, y en fotos cada vez más retocadas, que nos hacen vernos a las mujeres barrocas, renacentistas o prehistóricas como algo totalmente indeseable.

 

¿Soy la única que se ha dado cuenta de la tendencia? Nos hacen engordar y adelgazar, según la época en la que estemos, y después de una época en la que se ha premiado la absoluta delgadez, el photoshop, las clavículas marcadas, el “thigh gap” y el “ribcage bragging” (que en inglés suena todo mejor, pero es básicamente tener las piernas tan delgadas que los muslos no se toquen nunca, y marcar las costillas) aparece la revolución curvy que estamos experimentando estos últimos años. Pero me surge una duda… ¿Es, de nuevo, sólo una moda? ¿Estamos creando tendencia con cuerpos de nuevo curvilíneos para que luego vuelva otra vez la moda de la delgadez extrema?

 

Por eso es tan importante que esto no lo convirtamos en una moda más, que nos dejemos de cambios y abracemos el Body Positive de verdad, ese que no sólo nos invita a aceptarnos a las gordas, si no también a las delgadas, a las de tez oscura y a las que son blancas como la leche, a que las que tienen el pelo liso y a las de melenas onduladas, las que tienen cicatrices, las que tienen pechitos y pechotes, las que tienen vagina, las que nacieron con pene… Y por supuesto a los hombres, con pelo, sin pelo, con barriga cervecera o con tableta, con gafas o con aparatos, con tetas, barbudos o barbilampiños… Llevamos casi 200000 años de evolución, ¿no va siendo hora de que nos dejemos de modas? ¿Tan difícil es empezar a sentar las bases de un mundo en el que vivamos sin estereotipos? ¿Que los cánones de belleza sean algo del pasado y nos rijamos por los gustos personales? ¿Qué nos aceptemos como seamos, y que sólo mejoremos según nuestro criterio?

Flippa Hamilton, cuya foto retocaron para Ralph Lauren hasta el punto que la marca tuvo que pedir disculpas a la modelo.

Pues sí, es complicado. Porque en plena era del BoPo, todavía tenemos páginas proana y promia, tenemos dietas infalibles por Internet, tenemos anuncios de quemagrasas a todas horas, tenemos haters que nos insultan en redes sociales si se nos ve la celulitis, tenemos gente que nos mira raro si vamos a la playa enseñando lorzas, y gente cuyo mayor entretenimiento es comentar lo fea que es la nariz de esa chica del bus que no ha hecho daño a nadie.

 

Porque no deberíamos tener un “ideal” de belleza, cada cuerpo es bonito de una forma u otra, y depende de los gustos de cada uno. Y a mí, por mucho que me diga la sociedad que un tío es atractivo, me parecerá atractivo lo que me salga del coño de la gana.

 

Y es que, lo siento mucho, pero por mucha proporción áurea que tenga, a mí el David de Miguel Angel me sigue pareciendo un feo con las uñas de los pies raras (y no hablaré de la proporción de otra cosa).

Autor entrada: Elsa Dilema

Vivo en las nubes porque el suelo está lleno de gilipollas. Acabo de descubrir que cuando te quieres, la vida es más fácil. El amor propio es el mejor amor de todos, si no incluímos el que siento hacia mis perras.

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