Mi historia, capítulo 5: La recuperación

Mi vida se convirtió en un ciclo insano de llorar, darme atracones, vomitar y volver a llorar. Un día no sé que me pasó, pero perdí el control. No podía respirar, se me durmieron los brazos y las piernas, empecé a ver solo oscuridad y me dolía el pecho. Pensé que, literalmente, me estaba muriendo. Mi novio no sabía que hacer. Acabé en el hospital, donde ya me empezaron a hablar de mi gran amiga “ansiedad”.

Mi médico me dijo que tenía ansiedad generalizada, me explicó que eso que me había pasado era un ataque de ansiedad y que me enseñaría a llevar la situación para no volver a ponerme tan mal. También me mandó unos ansiolíticos. Después de hacerme unas preguntas me mandó a endocrinología pero yo no sabía porqué me enviaba ahora, si hacía años que mi tiroides no daba la lata. A la semana estaba esperando para entrar a hablar con la endocrina, yo lo que pensaba es que habían visto lo gorda que estaba y me iban a poner a dieta. Mi novio me tenía que prácticamente retener en la sala de espera porque pensé en no entrar e irme, estaba nerviosa y no sabía porqué. Bueno, sí que lo sabía… Era porque se iba a hablar de mi peso, me iban a decir que estaba gorda, y que tenía que bajarlo y yo ese tema no podía sino evitarlo porque me quería morir cada vez que alguien me llamaba eso. Me llamaron, entré, y me senté. No sé que pasó, pero me derrumbé a la segunda pregunta. La endocrina fue directa a preguntarme por mis hábitos alimenticios, y me hizo la pregunta directamente. Yo no pude mentir y me eché a llorar. Ella, paciente, comprensiva y amable (si alguna vez lees esto, Elena, GRACIAS), escuchó todo y hasta me abrazó. A la semana estaba en salud mental, en donde me pusieron tratamiento. Iba dos veces en semana a ver a una enfermera de psiquiatría que me controlaba y guiaba con el tema de la ansiedad y una vez en semana a la psicóloga (Ana, si algún día lees esto, GRACIAS) en donde saqué litros de lágrimas. Cada vez que iba lloraba, pero no unas lagrimitas, no… lloraba con ansiedad, con congoja, de no poder parar. Hasta que poco a poco empecé a llorar menos. Además iba más o menos una vez al mes al psiquiatra, que era el que me llevaba la medicación (el tema de las pastillas quiero hablarlo en otro post, porque hay varias cosas que me gustaría comentar). Me diagnosticaron ansiedad generalizada, depresión, agorafobia y un TCA, yo cuando veía eso en los informes no sabía si reír o llorar… ¿No podía pedir la devolución? ¿No estaba en garantía? Estaba claro que mi cabeza tenía una tara de fábrica.

Tuve una época muy mala. No salía de casa, por no salir ni siquiera salía de la cama. Tapé con toallas todos los espejos de casa porque me daba asco mirarme. Me duchaba a oscuras. Si salía a la calle sentía que todo el mundo me miraba y se reía de mí. Os juro que yo veía como la gente me miraba con asco, es increíble lo que puede llegar a sugestionarse uno.

Pero salí. O no. Nunca terminas de salir de estas cosas. Pasé un año trabajando mucho en mí misma y mi autoestima. La medicación ayuda, los amigos ayudan, la pareja ayuda, pero lo que es definitivo es currárselo. Tú, tú solito. Con ayuda, claro. Mi psicóloga y las enfermeras de psiquiatría me enseñaron técnicas para controlar mi ansiedad, pero era yo la que tenía que ponerlas en práctica. Me recomendaban salir a mi calle cinco minutos por la noche (para que no hubiese nadie y sentirme más cómoda), pero era yo la que poco a poco aumentaba los minutos. Mi psicóloga me animó a hacerme las uñas, y fui yo la que llegué a la siguiente sesión no sólo con la manicura hecha, si no además contándole entusiasmada que había quitado una toalla del espejo del baño para ponerme una mascarilla. La gente te anima a caminar, pero eres tú el que tiene que dar los pasos.

No voy a deciros que fuese fácil, sencillo y para toda la familia. Ni que un día me curase y ya está. Aún tengo bajones. Además soy una persona especialmente sensible y todo me afecta muchísimo. Sé que aunque me dieran el alta hace poco en salud mental, tengo que seguir cuidando mi cabeza y al menor indicio ponerle remedio. Sé que aún tengo días en los que quiero darme atracones. También hay días que me miro con asco. Pero no me van a afectar tanto como para dejarme destrozada. No van a devastarme por dentro como lo hicieron en otra época, porque ahora sé ponerle solución.

Si sufrís un TCA, si simplemente creéis que lleváis unos hábitos alimenticios que no son adecuados, pedid ayuda. Si tenéis un bajón anímico del que no os recuperáis, pedid ayuda. Si sentís que todo os puede, que la ansiedad es demasiado fuerte y que os está sobrepasando todo, pedid ayuda. Porque si mi novio no hubiese estado agarrándome la mano aquel día en la sala de espera de la endocrina y hubiera salido corriendo, no me habría puesto a llorar cuando me preguntaron directamente si alguna vez me había provocado el vómito. Y estoy segura de que no me habría recuperado.

Ahora estoy prometida (sí, habéis leído bien, PROMETIDA) con ese señor que me sujetaba la mano en la sala de espera, el que me abrazaba cuando salía llorando de las sesiones, el que va corriendo a buscar una bolsa de plástico si tengo un ataque de ansiedad. Ahora me miro en el espejo y no sólo no me doy asco, incluso me gusto. Ahora me cuido, y sobre todo cuido mi cabeza. Ahora soy feliz, y es mucho más fácil vivir siendo feliz.

Sed felices.

Autor entrada: Elsa Dilema

Vivo en las nubes porque el suelo está lleno de gilipollas. Acabo de descubrir que cuando te quieres, la vida es más fácil. El amor propio es el mejor amor de todos, si no incluímos el que siento hacia mis perras.

1 thought on “Mi historia, capítulo 5: La recuperación

    intentoserfeliz

    (agosto 27, 2017 - 1:30 pm)

    Es vital pedir ayuda cuando el cuerpo da sus primeros síntomas,pero no podemos salir de ese circulo vicioso maldito, yo también terminé en urgencias y me ingresaron en la unidad de psiquiatría para controlarme la depresión,ansiedad,y mi relación con la comida,fue duro,al principio cuando me diagnosticaron todo eso,es que no me lo creía ,yo sabía que tenía un problema,pero cuando te enfrentas de verdad es cuando te das cuenta, porque mientras tanto estás en una horrenda zona de confort .

    Y joder es muy duro,mi familia al igual que la tuya sufrió un montón, porque yo además la mayoría de las cosas ni las contaba,aún tengo que ir al psiquiatra para revisión y tengo una medicación que me la han dejado de mantenimiento ,pero lo importante al igual que tú ,lo he superado, y ahora si alguien no me quiere por mi cuerpo se puede ir a la mierda…

    Un besoooo grandote y como ya dije en mi blog me siento muy identificada con todo lo que has contado

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